Con el ciclo definitivamente en marcha -confirmados la mayoría de los invitados – llega el momento de plantear la forma de llevar a cabo cada jornada. Manejamos varias opciones, todas buenas, pero justamente por eso no podemos decidirnos: en cada una encontramos beneficios y desventajas.
Como el evento está siendo blogueado, recién lo llamé a P. de Eterna Cadena y le dije que quería blanquear esta indecisión, y proponerles a ustedes que nos ayuden a decidir cómo seguir. La pregunta entonces es:
¿Con qué evento se quieren encontrar?
En principio evaluamos tres posibilidades, que van desde un mayor control de los organizadores hacia una participación más activa del público.
1: Mesa Redonda moderada por P.Z.
Estructura típica, charla con moderador. Es segura y da visibilidad -por ahí tenemos la suerte de que venga Silvina Friera de Página 12 y saque una nota como la de Talando Arboles-. Organiza el evento: quien asiste (organizadores, escritores, público) sabe exactamente qué lugar ocupa, qué se espera de él. Se puede pactar una charla de una hora y luego un tiempo libre para contestar preguntas del público.
Esta opción es, definitivamente, la que más le gusta a mi ego: los invitados hablan conmigo.
Hay que asumir, por supuesto, que fracasaríamos en conseguir esa intimidad autor-lector que tanto buscamos.
2: Mesa Redonda moderada por P.Z. con preguntas del público
Es una variante de la opción anterior. Tiene las mismas características, pero le otorga al público un lugar más relevante. Una semana antes de cada charla abriríamos en este blog un espacio para que ustedes dejen preguntas. Todavía no conseguiríamos un acercamiento personal, pero al menos, cada uno sabría que su autor favorito le respondió.
Mi ego está un poco dolido con esta idea. Si soy coordinador quiero preguntar. Los escritores convocados son los que yo leo. Pero tal vez cuele un par de preguntas yo también.
3: Encuentro personal.
Mi opción preferida.
No hay reunión. Cada autor llega a la librería y ocupa una mesa. Espera al público tomándose un vinito o un café. El lector se acerca, conversan un rato, uno a uno. La idea es recuperar los encuentros de la vieja feria del libro, donde había tiempo para hablar, para relacionarse. No como ahora que sólo hay una fila para firmar libros, como si fuera una cadena de producción de Ford.
Un evento así es completamente descentralizado. Cada uno tendría la posibilidad de construir su propio evento. Imagino a los bloggers hablando con los escritores y después publicando sus crónicas, sus entrevistas.
Por otro lado, es terriblemente desorganizado. Aquí, a priori, nadie sabe muy bien qué lugar ocupa. Todos los roles se definen in situ. En ocasiones el caos puede llegar a ser precioso, pero si no llega a serlo, es sólo caos.
Y claro, mi ego está que vuela de calentura. ¿Cómo? ¿Librar al azar un evento podría controlar yo? Pero, bueno, que se aguante. Yo también voy a llevar mi grabadorcito y después voy a croniquear desde HdA.
El pedido es que acá debajo, en los comments, se decidan por una de las opciones. Y si se les ocurre otra manera, por favor, cuéntenla. Ojo: no es una elección democrática. Una buena justificación vale más que 10 votos.
Abrazo y ¡gracias!
Septiembre 16, 2008 a las 9:01 pm
Empiezo por el voto: la opción 2. Mesa redonda con preguntas del publico (y alguna chance para el moderador). La última es casi una utopía, pero sería casi un descontrol, imaginate sentarme con mi autor preferido y hablar hasta que alguno me pegue lo suficientemente fuerte como para que acepte y me levante (salvo que estemos desnudos en el obelisco, ahí no me paro ni amenazado de muerte!).
Septiembre 16, 2008 a las 10:58 pm
Hace algunos años, Fernando Pérez Morales tuvo una idea genial, una variante de los encuentros con escritores que hacía en su boutique del libro. Un sábado a la mañana, cada mes, eran los escritores los que atendían la librería: te aconsejaban qué leer, te recomendaban sus grandes lecturas. Así es que hoy tengo en mi biblioteca algunos libros fabulsosos, gracias a Luis Guzmán, Juan Forn, Martín Caparrós, Federico Jeanmaire (como verás, los jóvenes escritores de hoy todavía estaban en la primaria).
En cuanto a la organización del “evento”, estoy de acuerdo con rokkur: suena muy utópico, te arriegás mucho, aunque claro, se puede probar. Pero no te olvides que los escritores son personajes difíciles (no todos) y que a veces por timidez o por no sé qué cosa, suelen ser un poco ¿¿ariscos?? No sé cómo llamarlos.
Septiembre 16, 2008 a las 11:26 pm
Zunini, comparto con el General: la tercera posición. Y si te la bancás, yo te consigo 2 patovas del gremio para que ordenen a la masa.
Septiembre 17, 2008 a las 3:01 am
Mi voto es caos y vino.
Los argumentos sobran.
Septiembre 17, 2008 a las 3:28 am
[...] ¿Con qué evento te querés encontrar? [...]
Septiembre 17, 2008 a las 10:54 am
Si llevás a Belén Francese, la opción 3.
Septiembre 17, 2008 a las 11:55 am
Suscribo la opción 3 bajo las condiciones sugeridas por OmarG.
Propongo una alternativa para la opción mesa redonda (tanto en su versión 1 como 2)
Es media compleja de explicar por este medio pero sencilla para implementarla. Zunini escribime y/o llamame por telefono y/o chateamos y te cuento detalles.
Lo hice en un par de ocasiones y quedo bonito!!!
Exitos!!
FPE
pd: si no es la Francese me gustaría la Archimó
Septiembre 17, 2008 a las 12:40 pm
Y si prueban con una opcion distinta en cada una de las fechas???
Septiembre 17, 2008 a las 1:08 pm
Juan de acá arriba me leyó el pensamiento. Probar una opción distinta en cada fecha, aunque no sea exactamente la estructura de las que ya se propusieron, podría ser una variable interesante.
Como soy medio anarco, mi corazón está con la opción 3. Mi lado ama de casa maníaca del orden me pega patadas en la espinilla, pero confieso que es la opción que más me gusta.
Septiembre 17, 2008 a las 2:45 pm
También me inclino por la 2, pero suscribo a la propuesta de Genovese, en cuyo caso lo mejor sería la 3.
Septiembre 17, 2008 a las 3:23 pm
Pato,
armá el evento de la opción 3 y te choreo todos los libros de la librería.
Después la careteo hablando con el invitado y me armo una hermosa colección para mis estantes vacíos.
lo mejor es la opción 2
las preguntas no necesariamente tienen que salir de los comments
tu mail es público
el que quiera que te lo mande al mail
(secreto: vos decís que es una pregunta del público pero en realidad es tuya – cuak – qué trucho que soy)
más allá de tu ego abatido seguís siendo el que controla el micrófono dando las pausas o dejando al invitado que se vaya por las ramas… no se si lo invitás a fogwill pero cuando una pregunta le rebota y se pone a blablablabla o cuando se enoja con alguien y se pone a blablablabla
ahi esta el evento
yo quiero ver cuando se cuelgan, cuando se tildan, cuando quedan fascinados con “una estupidez”
y eso lo podés lograr como sea…
sigue siendo una mesa a la que vamos a ver a un escritor
y si nos cuenta de sus manías, vicios o defectos, ¡mejor!
creo que esperás demasiado del público
están lxs que van a admirar
lxs que van a escuchar
y lxs que van a hablar mal del invitadx
en voz baja porque son re-provocadorxs
una gran mayoría espera que se arme una mesa en un restaurant de la zona
para ir a comer y charlar “de verdad” con el autor
(otro dato útil: bodegones tobara para 15 personas por la zona para ir a comer algo. ese dato, los organizadores lo tienen que tener a mano. ahí tenés ego: tenés que llevarlos adonde vos creés mejor)
otra:
agarrás una persona del público
le pedís que te diga títulos de libros hasta que diga uno que el invitado leyó
y ahí los ponés a discutir sobre el libro o el autor durante 1 – 2 minutos
otra:
sacás un libro de los estantes
le pedís al invitado que te diga cuánto sale o cuánto debería salir
(obvio que es molesta la pregunta, pero así puede surgir la discusión – también puede haber otro tipo de preguntas sobre los libros que saques de los estantes)
después le preguntás al público si lo pagaría (o lo que sea que hayas preguntado)
comparar insitu las respuestas sobre lo mismo también puede “acercar” invitado y público
otra:
jam oral de ideas
le pedís a una persona del público que invente un mínimo plot con 2 – 3 personajes pero sin final (que no hable más de 1 minuto)
y le pedís al invitado que le de un final
ahí va a estar complicado… pero si sale… mamma…
che, me fui al carajo… perdón la extensión
Slds
Septiembre 17, 2008 a las 7:44 pm
Estoy con Juan y Cass. Alcoholes y libros se llevan diez, y supongo que nunca faltará un escritor borrachín que se quiera pelear con los otros por un premio o un Mark David Chapman que intente ajusticiar alguna metáfora poco feliz.
Septiembre 18, 2008 a las 12:37 pm
Se me ocurre otra:
Sentar al escritor con 5 o 6 personas, en donde cada uno le haga una pregunta, previamente preparada o que se le ocurra en el momento. De esa manera se puede lograr intimidad y tal vez no tanto caos. Si hay mas personas que se quieren sentar, se puede limitar el tiempo de estas personas a pongamos 30 minutos, de manera que se hagan 2 o 3 veces estas “mesas intimas”
Digo, saludos
Septiembre 18, 2008 a las 1:56 pm
Antes de elegir la opción, algunas cosas.
El escritor es un tipo con cierto ego, que necesita trato especial de parte de la organización, hay que cuidarlo, no se lo puede exponer sin estar seguro (o lo más seguro posible) de qué va a pasar con esa actividad.
Entre el público me parece que predomina una actitud pasiva. No sé si por costumbre o convención, pero la gente está acostumbrada a ir a escuchar y no tanto a participar. Entonces la labor del coordinador está en darle un cauce la comunicación, no es destacarse. Recordemos el caso Battista en el evento de Julian Barnes en Malba.
Hay que tener en cuenta, además, que el escritor no cobra, por lo tanto no se le puede exigir nada.
Después de eso, me inclinaría por una opción 2 y medio. Es decir, un comienzo de diálogo general para plantear temas y distender la situación. Poner de entrada solito a un autor en una mesa para que lidie con la gente podría no ser del todo grato para él. Más que nada porque hay personas que suelen ser particularmente demandantes. Además el coordinador puede limpiar de un plumazo aquellas intervenciones que no son más relatos de experiencias personales (abundan, muchísimo en este tipo de encuentros) que nada aportan para darle lugar a las preguntas que motiven la discusión u otro tipo de intercambio.
Pero claro, lo ideal sería tender hacia una relación más personal. Entonces empezar con un par de temas, con algunas preguntas, me parece que sería ideal. Desde ahí se pueden descorchar un par de botellas de vino (amigas generosas de cualquier reunión) que permiten moverse de pie, con algo en la mano y así construir una ilusión de igualdad. Hay que contemplar que algunos de nosotros no somos tan sueltos como para encarar a un tipo que en definitiva desconocemos y preguntarle algo que podría tomarle cinco minutos en responder. La tarea del coordinador será andar dando vueltas intentando que el diálogo se produzca y al mismo tiempo cuidando que el autor la pase bien, esto último es más que importante. Lo más triste, lo que nunca tiene que pasar es que un autor se quede solo mirando para arriba. Pero ojo, lo que tampoco debería pasar es que un autor sea rodeado por gente que no lo deja hablar… por suerte no esperamos concentraciones masivas de floggers, pero hay que tener esas cosas en cuenta.
Septiembre 18, 2008 a las 2:51 pm
¿Es tarde para desear?
Me gustaría José Luis Mangieri. Debe tener ochenta ypico de años, pero está super lúcido.
No esperemos a que se muera, estaría bueno tenerlo cara a cara.
saludos.
Septiembre 19, 2008 a las 12:20 pm
La opción 3 me parece buena, es rizomática, va a permitir cosas copadas, seguro.
En todo caso, como está demasiado librada al acontecimiento, puede haber dos espacios: un tiempo que sea del estilo 1 o 2 (por ahí al principio que sea así, general, organizado, etc) y un segundo tiempo que sea del estilo 3, cuando ya todos se sientan más cómodos y libres para encarar de modo personal.
Sí, la mejor opción es esa. Dividir en dos tiempos los encuentros.
Saludos.
Septiembre 20, 2008 a las 2:28 am
Si va el Bambino Veira, la opción 3 será posible vaselina de por medio. PZ, hacé lo que te venga en ganas, igual, el argentino medio (medio pelo, medio boludo, medio peronista, medio radical) no lee, no comprende, no sabe ni contesta.